miércoles, 20 de enero de 2010

Y volverán las oscuras golondrinas…

Con los despojos de un año, que políticamente dejó mucho que desear, nos encontramos en una especie de recuento, a punta de cuenta gotas, que nos vislumbre lo que será este año que se viene, en una especie de añoranza extraña que trae consigo cierta podredumbre muy difícil de ignorar. Sin embargo, no podríamos sostener que todo lo que pasó el año pasado fue una constante de errores y malcriadeces que están más cercanas con la estupidez. Una estupidez, en la gran mayoría de casos desmedía, que los programas periodísticos se encargaron de recordarnos. Pues no, no todo lo del año pasado fue malo, a pesar de que al recordarlo, recordemos las muertes absurdas de Bagua, el crecimiento desmedido de la inseguridad ciudadana, los actos de corrupción que han alcanzado a todos los escalafones del estado. No, claro que no todo fue malo, aunque al decir aquellas palabras, no podamos disimular el sinsabor que trajo los petroaudios que aun nadie decide abordar con la seriedad que se merece, ni tampoco las tiradas de pelota entre ministros que no quieren asumir las responsabilidades de sus carteras. Es obvio que no todo fue malo, pero sin lugar a dudas pudo ser mejor.
Porque es cierto que los peruanos tenemos una memoria demasiada frágil para este tipo de cosas, aunque siempre tengamos el corazón al borde del llanto con cada derrota de la selección nacional de futbol, o el instinto asesino por seguir los nuevos destapes de la farándula. Porque es casi un hecho, que este año volverán las oscuras golondrinas, trayendo consigo aquel nubarrón de corrupción y pendejada que siempre nos ha caracterizado y que a estas alturas de la historia, parecieran ser el sello distintivo de la gran mayoría de nosotros. Porque entre tantos congresistas que roban luz, que matan perros, que niegan hijas, este año las mismas golondrinas que esperamos no volver a ver, volverán, quizás más audaces, tal vez más perspicaces, al punto de que es probable que en los próximos meses no olviden llevar un calendario actualizado en sus supuestos viajes de comisión, o quizás la piensen dos veces, con calculadora incluida, la próxima vez que decidan donar dinero del congreso para ciertas actividades culturales.
Porque definitivamente no fue un mal año, se redujo la pobreza extrema, hubo inversiones, se gastó dinero que probablemente antes no se hubiese podido gastar, y sin embargo a pesar de todas las cosas buenas que sucedieron, no podemos quitarnos este sudor corrosivo que nos inunda a las puertas de este año; con cierta esperanza, con cierta desazón, mientras esperamos no volver aquellas oscuras golondrinas, que inexorablemente, comienzan ya asomar.

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