domingo, 28 de marzo de 2010

¿Cómo llegar a los 26 y no morir en el intento?


¿Cómo llegar a los 26 y no morir en el intento? Es una buena pregunta, media retorica, pero buena y reciclable para cualquier edad. Podría decirles, por ejemplo, que llegar a los 26 no ha sido tan difícil como haber llegado a los 25, ya que los 26 se asomaron como quien no quiere la cosa, como un día más de Marzo, martes para ser específicos, pero Marzo al fin al cabo, un mes al cual siempre tuve cierto cariño, hasta que de pronto alguien tuvo la magnífica idea de arruinarlo al iniciar clases de colegio en ese mes. No hubo, a diferencia de los 25, crisis seudo existenciales, ni lamentos por no haber publicado libro alguno, y mucho menos facturas por haberme sobrepaso con creces los 23 años. Porque para llegar a los 26 sano y salvo, hay que ser muy ingenuo, medio torpe, y algo torero para poder sortear las responsabilidades de la vida. Haberse emborracharse mucho también ayuda, aunque ahora el hígado te jugué malas pasadas al punto de arruinarte la que debería ser una noche memorable ¿pero qué se puede esperar con 26 años? Con tantos proyectos olvidados en el desván de la frustración del día diario. Porque oído a la música, como diría el entrañable Beco, para llegar a los 26 hay que haber vivido mucho, aunque se haya vivido poco, lo importante es haberlo vivido, mucho mejor si es con amigos y con alguno que otro amor que en más de una ocasión, estuvieron a punto de destruir una vida.
¿Cómo llegar a los 26 y no morir en el intento? Trabajar poco, dormir mucho, hacer el amor cada sábado azul, son algunas de las recomendaciones en el libro de las ensoñaciones sin rumbo. Ya que los premios, los breves reconocimientos, los cartones pudriéndose en los fólderes traspapelados, no llegan si quiera a gratificarnos a esta edad. A diferencia claro, de los recuerdos compartidos, cuando se es tan idiota con 19 años, cuando todavía vale la pena amanecerse con un buen libro, escribiendo pachotadas o ganándose amenazas gratuitas por novios cachudos y casquivanas al peso, que casi siempre, terminan siendo un personaje de alguna novela que probablemente nunca se escriba. Porque señores, llegar a los 26 no es nada difícil, apenas se tiene 20 y de pronto llegas al cuarto de siglo creyendo todavía en cosas absurdas, como creer encontrar la inmortalidad en pedazos de papel que no sirven para limpiarse el culo, o creer encontrar la felicidad en alguna canción tocada en el viejo teclado CASIO.
Claro, llegar a los 26 no es nada difícil, pero a veces resulta peligroso, como asomarse por la ventana y ver a las niñas que ya no son niñas apretujadas en los jardines luchando con manos ajenas alrededor de sus cuerpos. Sí, es algo temeroso asomarse al espejo y darse cuenta que aquella imagen no es la misma que aparece en la fotografía de promoción de la hermana. Tan liviano como los días que no se cuentan, que no existen, y que solo valen la pena cuando realmente nos late el corazón.
Porque llegar a los 26 es menos atroz con los amigos de siempre, con el amor de siempre, con esas ausencias inexplicables que son como los reflejos fantasmales de una pierna cercenada. Sí señores, llegar a los 26 es algo tan simple que asusta, como una nube negra después de una noche de alcohol, como los libros inéditos que se colecciones uno tras otro en el disco duro, como las veces en que uno tiene que ir a votar.
Porque a diferencia de lo que todo el mundo pueda decirte, los 26 es una edad terrible como tener 20, 40 o 7 años. La vida es así, jodida, como las canciones que fueron el soundtrack de alguna etapa de nuestras vidas, con las sonrisas que cada vez más escasas, con las metidas de mano y las sacadas de mierda que nos curan las heridas. Y a pesar de eso, no deja de ser heroico llegar a los 26 dedicándose a la poesía muda por teléfono, a cruzar la pista como viejecita reumática, a despertarse con la neurosis diaria del último día. Sí, los 26 no es tan malo, si se tiene en cuenta que la Maga no existe, de que nunca llegaré a ser Vargas Llosa, y que sobretodo los siguientes años seguirán alegrándome y deprimiéndome de la misma manera que esta fecha; absurda, jodida, pero al fin al cabo mía.

2 comentarios:

Eduardo Reyme Wendell dijo...

a ese tipo de posts me referìa cuando hablamos el dìa de tu santo, marica. Sencillamente estupendo!

Rain dijo...

Feliz cumpleaños lindo infeliz =D
mas vale tarde que nunca y el nunca es una palabra que estoy desterrando de mi memoria, muchos abrazos también y besos con la misma proporción de intensidad muakkkkkkkkkkkkkkkkk