viernes, 13 de mayo de 2011

La sutileza en tiempos electorales

Para nadie es mentira, que una de las cosas que los peruanos hemos ido perdiendo paulatinamente, ha sido la sutileza para decir las cosas, o en honor a la verdad, para atacar nuestro adversario, o a todo aquel que nuestra peruanísima intolerancia haya elegido al azar. Parece lejana la década de los 90; con los titulares alarmistas, el proselitismo en los medios y los monstruos de los cerros. Sobre todo para muchos, que culpamos aquella década, como la escuela que sentó las bases en los medios actuales; los atropellados, los baleados, los suicidios, los crímenes pasionales, y muchos más etc sangrientos. Sin embargo, también es cierto, que al menos en aquella década, todavía podíamos diferenciar de la paja y el oro (aunque escaso). A diferencia de ahora, en donde la paja y el oro parecieran valer lo mismo.

Basta con acercarse a los diarios para ver, que una vez más, la imparcialidad del periodismo, es una extraña palabra que todavía a muchos a les gusta mencionar, como quien reafirma un acto de fe. Al punto que el 80% de los diarios defienden una opción, de manera tan descarada, mientras que un escaso 20% defiende la otra opción, como si se tratara de una batalla épica entre los poderosos y los débiles. En donde día a día, cada bando trata de elaborar una estratagema, que termine la batalla de una vez por todas. Como dije, la imparcialidad, no tiene cavidad en estos tiempos, y mucho menos, en tiempos electorales.

Por otro lado aparecen los que creen que a la prensa hay que ajustarle los huevos, como si se tratara del equipo de sus amores. Como si se tratara de asustar a la contratación del año, porque no está dando los resultados que se esperaban de él. El ataque al periodista Jaime de Althaus es una muestra de aquel acto de barra brava, que justifica sus ataques, porque el señor de Althaus, no es (imparcial) y por lo tanto está engañando al pueblo.

Curiosa afirmación a la que hace alusión aquel grupo de muchachos desubicados. Ya que de una simple de turba de inadaptados, se han convertido en defensores del pueblo. Por lo que uno no puede dejar de preguntarse: ¿desde cuando golpear el carro de un periodista es defender al pueblo? Pero claro, luego vino Bayly, que sumado a los despidos de varios periodistas, han creado esa atmosfera noventera, que algunos ingenuos, creíamos ya superados.

Tiempos electorales, en donde las cadenas por correo electrónico y las redes sociales, no dejan de atacar a uno o al otro, con la esperanza de que el otro candidato (y no su candidato) no llegue al poder. Precisamente aquella premisa ha sido la que se ha mantenido desde que inició la segunda vuelta, y no solo por parte de los entusiastas de los candidatos, sino por parte de los mismos. Al punto que pareciera que de verdad creyeran, que son los pecados de los otros, los que finalmente los convertirán en santos. Ya nadie pide que voten por él o por tal razón, sino (por qué) no deberían de votar por su oponente. Curiosa aptitud, que pareciera haber invadido los periódicos, la televisión, las redes sociales, y cualquier espacio en blanco, donde los indecisos quisiéramos meditar nuestro voto, como si se tratara del Gran Hermano del que hablaba George Orwell en su fabulosa y tétrica novela: 1984.

Aquella persecución de conciencia finalmente ha terminado desembocando, en la Aprodeh (Asociación Pro Derechos Humanos) en donde una Regina Rocío Silva Santisteban, decía que se trataba de la campaña por el no regreso de Fujimori al poder. Y para ello utilizaban los testimonios de los padres, hermanos, amigos, que sufrieron la desaparición de uno, o de varios seres queridos, a manos por aquellos grupos paramilitares como el COLINA. Todo ello, como dijo la secretaria ejecutiva de la CNDDHH, para que los jóvenes que no vivieron la atrocidad, o que lo recuerdan, tomen conciencia del peligro que sería tener a Fujimori (a estas altura la hija y el padre parecieran el mismo ser) en el poder.

Curiosa declaración aquella, pero no fue la única, ya que cuando un periodista le preguntó; si con aquella campaña de no a Fujimori, era un apoyo a la campaña de Gana Perú. Roció negó, aludiendo de que solo era una campaña por el no regreso de Fujimori y que los electores tenían más opciones. (La sutileza no parece ser el fuerte de Rocío).

En fin, justo cuando pensaba que la sutileza, lo sugerente, el simbolismo ya eran cosa del pasado de los peruanos, nos encontramos que dos arreglos florales fúnebres, fueron enviados al diario “La Primera” en donde uno de los arreglos tenía el nombre del director del periódico: César Lévano. Triste y aterrador saber que lo único sugerente, que la única sutileza en lo que va en la campaña electoral, sean aquellas practicas noventeras, que no solo ensombrecen unas elecciones que pecan en lo percudido, sino que nos dejan con ese mal sabor de boca, de que con el triunfo de cualquiera de las dos opciones, estaremos igual de jodidos.

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