El soundtrack de la semana, es una canción de Quique Gonzáles, una de esas corta venas que bien acompañadas con un par de cervezas, encerrados en una habitación. En esta ocasión, cantada a dúo con el gran Enrique Urquijo, que sin lugar a dudas logra ponerles ese plus de nostalgia que siempre supo ponerle a las canciones.
Sin más preámbulos el soundtrack de la semana: “Aunque tu no lo sepas”.
Los agradecimientos por el video son para: beeaaa
viernes, 20 de marzo de 2009
El soundtrack de la semana
lunes, 16 de marzo de 2009
¿La música no se mancha?

Hace alguna horas, mientras me encontraba revisando material referente al festival del amor, me di con la sorpresa de que acababan de censurar el blog donde pensaba conseguirme aquel concierto. Para muchos que andamos metidos en este mundo de conseguir música difícil y muchas veces imposible, este tipo de actos se ha vuelto tan peculiar, que inclusive ha llegado a tomar matices risorios, pero tan reales que sin lugar a dudas, son preocupantes. Pues estas personas aducen que transferir discos totalmente gratis es un delito que atenta contra las disqueras y los músicos.
Sin embargo la verdad está mucho más matizada de lo que parece. Por ejemplo, por que no decir: que muchos de los discos que se podían bajar en este blog eran conciertos en piano bar, en algún recital, un boliche; o que muchos de estos discos fueron realizados hace muchísimos años, más de 4 décadas, cuando los contratos de las disqueras eran de por vida, y que estas al haber desaparecido o al ser absorbidas por otras, siguen manteniendo cierta presión sobre estos blogs, o sobre páginas en donde se pueden almacenar este tipo de música, por lo que con la amenaza de recibir un juicio o de embargo de bienes o hasta ser acusados por un delito federal con pena de prisión, se han visto en la obligación de tener que sacar ciertos archivos; contradiciéndose a si mismas, al ofrecer a sus usuarios la libertad de poder almacenar lo que los usuarios deseen.
Otro aspecto del cual no se habla cuando suceden este tipo de cosas, es saber, según estos señores, sobre a que tipo de músicos se esta perjudicando. Si bien es cierto que los músicos adquieren un compromiso con sus disqueras, para nadie es mentira que la relación entre ellos es de un amor-odio. Charly García dice: “que la limosina de los productores de discos, esta cubierta por la piel de los músicos” y no hay una imagen que se acerque más a ella que la que dice García. No olvidemos el escándalo mediático que se formó a raíz de que Andrés Calamaro sacase su producción: El salmón. Y como fue que se le vinieron encima muchos productores, aduciendo que sacar en formato de tal envergadura y al precio en que fue sacado, era apoyar la piratería e ir en contra de lo que se estila en el medio discográfico (parecieran como si se hubiesen olvidado una de las características del salmón, que es la de nadar contra la corriente) o de músicos como Fito Paez que decidió fundar su propia productora: Circo Beat en 1998.
Y lo que uno se pregunta, cuando de pronto te dicen que el link de aquel concierto esta roto por ir en contra de los derechos de autor, es: ¿en que le afecta al músico que se pueda bajar un concierto que no ha sido recopilado por ninguna disquera, sino por un fanático que lo grabó de la radio, o que la grabó por celular, o por una grabadora de mano? Pues aparentemente en nada. Y por ahí se ha sabido que han habido fanáticos que pudieron recuperar conciertos memoriales, pero cuyo sonido no ha sido el mejor de todos, y que el amor a poder compartir un material histórico los ha llevado a dedicarle horas de horas a mejorarle la calidad del audio, y que luego de colgar este material con ánimos de compartirlo con las personas que estén interesadas en ello, le rompen el link, o le cierran el blog, y seis meses más tarde, aparece la noticia de que una disquera, viendo que lo clásico nunca muere, cree conveniente sacar una compilación de aquel concierto. (¿Coincidencias?)
Pero volviendo al tema del artículo. Que no es más que una reflexión sobre la ley, ya que estas disqueras dicen estar amparadas bajo la ley, y que la ley es algo que se tiene que respetar, así como el 10% de las ventas que reciben los artistas. Pues una de estas leyes esta prohibiendo a los blog subir música para descargas, así no tengan nada que ver con algún disco que las disqueras estén preparando, así no tenga nada que ver con que se vendan o simplemente su intención sea la de compartir la música.
O como diría Theo, el administrador de Piano Blog, a este paso también nos van a tener que prohibir que las pc vengan sin quemadoras de disco, o que los equipos de sonido, los Ipod, vengan sin la opción de grabar.
Y para finalizar, solo nos queda la reflexión de intentar saber cuales son los límites de la piratería, de la propiedad intelectual, o en todo caso de los que se encuentran desprovistos de la ley.
La intención de estas palabras, no es más que plegarse y decir desde este rincón que: Ni El Baul Plateado, Ni Incunables Posludios, Ni La Cofradía, Ni Zona García, Ni Himno de Mi Corazón, Ni Front Row Center, Ni Los Inconseguibles del Rock Argentino (el blog cerrado), Ni Vigilante Medio Argentino, Ni Los Piratas del Flaco, Ni El Mago de Agua, Ni Oid Inmortales. Así como algunos que quizá me olvido de mencionar, no venden ni comercializan ni ganan nada subiendo y compartiendo material. Toda la ganancia es ganancia material del alma.
Y que es muy probable que si se cierra una ventana, o mejor dicho: al cerrarnos una ventana, habrán otras que se abrirán.
viernes, 6 de marzo de 2009
El soundtrack de la semana
El soundtrack de la semana, es una canción de Nacho Vegas: “El hombre que una vez casi conoció a Michi Panero” o “El hombre” como suele referirse al borde de un orgasmos, mi gran y queridísimo amigo Pepo. Una canción que regresa siempre, cada vez que hay una guitarra a la mano, o varias cervezas de por medio.
“y una vez tuve un amor, pero si he de ser sincero, dije: No en el altar, y cuando digo: no, es no” el verso de la canción, además de ser un buen videoclip.
Los agradecimientos por el video son para: julucha
jueves, 5 de marzo de 2009
World in Conflict
Y es dentro de toda esa avalancha de malas copias de un género que durante mucho tiempo se ha venido a menos, es que aparece World in Conflict. Es claro que el adelanto tecnológico de los últimos años permite observar maravillas, que diez años atrás, nos parecían cosa de ciencia ficción. Maravillas en lo referido a la calidad de texturas que contrastando lo acostumbrado, termina relacionándose íntimamente con la jugabilidad del mismo. Ya que lleva a un paso más adelante la cámara vertical del antiguo Age of Empires, a una cámara de 360 grados, con la posibilidad de lograr un zoom que nos permite observar desde huellas en la nieve, arañazos en los tanques y en las fachadas de las casas, hasta un alejamiento que nos permite detectar en el horizonte a nuestros enemigos. Pues uno de los puntos fuertes del juego, es que esta vez no se tendrá que recolectar recursos para fabricar unidades y avanzar en el tiempo, algo que finalmente logra que el juego termine siendo un juego de táctica de combate, en donde el escenario, los accidentes geográficos cobran un relieve importante por las posibilidades de cobrar ventaja contra el adversario.

Pero sin lugar a dudas el punto fuerte del juego, es la historia. El inicio de la trama no es muy original que digamos, hasta cierto punto podríamos decir que es un tema recurrente tanto en el cine como en otros videojuegos. En 1989 en vez de que la Unión Soviética caiga, decide invadir Europa, para finalmente comenzar una invasión a gran escala en los Estados Unidos. Dicha trama nos recuerda mucho a los Red Alert, o más específicamente al Fantasma de la Libertad. Sin embargo, lo que hace que uno termine sacándose el sombrero, son los procesos narrativos de dicha diégesis.
Nosotros encarnaremos al teniente Parker. Pero a la vez habrán otros personajes que convivirán contigo, desde un capitán bueno para nada, que en más de una ocasión pondrá en peligro las operaciones en conjunto, hasta un triangulo amoroso de un comandante de la legión francesa que terminara muerto sin haber decidido con que mujer quedarse. Eso sin contar las distintas analepsis que sufre la diégesis, y de la calidad del guión que nos sumerge entre tantas historias que dialogan con la de tu personaje.
Claro que lo malo del juego, es la fugacidad del mismo. Un juego demasiado corto si lo comparamos con las campañas interminables de otros títulos ya mencionados. Quizás por ello, en este mes de Marzo, Sierra lanzará una expansión del juego, pero esta vez desde el punto de vista soviético. Indudablemente, muchos ya lo estamos esperando
miércoles, 25 de febrero de 2009
Nuevos súbditos (Juan Carlos Ubilluz)IEP, Lima. 2006
Nuevos Súbditos, es un largo ensayo en donde el autor, Juan Carlos Ubilluz, trata de dar una análisis Lacaneano a la situación del Perú de los últimos diecisiete años. Dedicándole dos capítulos al totalitarismo de la década del noventa a través de la figura de Fujimori y de Montesinos, una lectura pocas veces hecha sobre el Perreo, y un capítulo final sobre dos novelas de Vargas Llosa en donde trata de rastrear el capitalismo tardío a través de la carga erótica.
Sin embargo, si bien no es el primer libro que trata de dar un análisis de lo que ocurrió en la década de los noventa, a partir de una visión del psicoanálisis, como lo es el libro: “Psicoanálisis de la Corrupción” de Saúl Peña, si es el primero que trata de no perderse en la maraña de términos Sicoanalíticos, y mucho menos estar destinados para seguidores de Lacán. Puesto que partiendo desde un lenguaje mucho más fresco, y explicando de manera global ciertos términos y teorías, logra hacer que el lector navegue apaciblemente, con excepción de breves sobresaltos irremediables.
Pero volviendo al cuerpo del libro. Podríamos decir que el principio básico de aquel trabajo, y del cual girara todo el análisis, será la declaración: “El Otro que no existe” que a la vez es el título que indica la introducción.
La posible desaparición paulatina del Otro, del gran Otro, nos ayudará a entender las situaciones que se analizaran en los capítulos, sobre todo, en los dos primeros, en los cuales, como ya lo he referido, trata específicamente de la década de los noventa.
El primer capitulo titulado: “El sujeto criollo y el fujimostecinismo” empieza con una breve contextualización de lo que ocurrió en aquellos años, para después pasar dar una descripción del sujeto criollo, desde su concepción original, instalada en el inconciente colectivo, hasta los nuevos niveles que este término ha ido desarrollando, llegando incluso al termino del pendejo, o de la pendejada, como la manifestación de la transgresión. Y partiendo de esta transgresión, nos ayudará a entender el fenómeno del fujimontecinismo, pero no tanto desde la perspectiva de la autoridad, sino de lo que significó los actos abiertamente antidemocráticos, en ciertos sectores de la población, como los ejemplos del Canalla, el cual, según el autor, es el cínico que niega la existencia del Otro : “que sí, es cierto, roba, pero al menos hace algo”…
El capitulo dos, quizás el mejor del libro, toma al sadismo desde perspectivas y teorías ya establecidas, sobre todo con respecto a este fenómeno y las características que pudieron reconocerse después en esta figura siniestra que fue Vladimiro Montesino, y que a la vez, sirve para desconstruir esa imagen un tanto oscura, y muy poco analizada a cabalidad.
El tercer capitulo, es un análisis sobre el baile de moda, el Perreo, pero una lectura muy poco frecuente de este baile y que de alguna manera va en contra de todo lo dicho antes, tomando los juicios morales y rasgaduras de vestiduras, que surgieron en un inicio, y utilizándolos para demostrar lo muy alejado que están de lo que realmente podría significa en el plano real.
El cuarto capitulo, quizás sea el mas forzado, al tratar de rastrear cargas de un capitalismo tardío, en dos novelas del escritor Vargas Llosa, apuntándolas como el tercer periodo en la obra del escritor peruano; y que en realidad sirve de una manera de excusa para hacer una critica al capitalismo, y analizar los nuevos métodos de sometimiento, que el autor denomina, como una especie de cadenas invisibles.
El libro termina con una especie de conclusión, que es un resumen de los cuatro capítulos ya mencionados, y en donde intenta autocriticarse, aceptando las falencias que se puedan encontrar dentro del libro, a parte de las preguntas que quedaron sin responder, y que parecieran aumentar a medida de que se avanza con la lectura.
martes, 24 de febrero de 2009
Las cuitas del joven Wether
Las cuitas del joven Werther
Por:
Paul Asto Valdez
Introducción
El subjetivismo, libertad del Yo, la evasión del mundo cotidiano, ya sea en viajes o en el peor de los caso a través de la muerte, la naturaleza, la historia son características del romanticismo europeo. Sin embargo, uno de los puntos más interesantes, o al menos uno de los que más calaron hondo, fue el de la muerte. Pero entenderla como una evasión de la realidad cuando ésta se hace insoportable, sería restarle cierta importancia, sobre todo porque ella en sí misma no es un elemento claramente romántico, ya que es la forma, la manera, el medio en como se llega a ella, la que sin lugar a dudas la hace romántica. En la Alemania de 1770, durante el pre-romanticismo, los nobles de la ilustración convivían con los escritores. Goethe, al igual que Schiller, formaba parte de un movimiento reivindicador del genio, llamado: Sturm und Drang. Éste se genera a partir de la preocupación por el hombre y el papel que le toca desempeñar en el mundo. La rebelión del Sturm und Drang se alzaba contra la estrechez de la vida político--social y contra los factores normativos. Siendo influenciados en gran medida, por el pensamiento de Rousseau y Lessing.
Así, cuando Goethe escribe Las cuitas del joven Werther el suicidio más célebre de la historia de la literatura alemana, produjo un eco delirante ya que era la expresión artística perfecta de las ansías del Sturm und Drang. El Werther de Goethe muestra el estado patológico que amenaza a los jóvenes del subjetivismo. Hay, al menos, tres elementos configurando esta obra: el discurso amo (representado por la nobleza que se adueñaba del saber), el subjetivismo extremo (marcado por Goethe en las vicisitudes de la decepción amorosa) y el suicidio. Es esta última categoría, la que nos preocuparemos en abordar: el suicidio como una transgresión estética de los clásicos al romanticismo, específicamente en: Las cuitas del joven Werther de J. W. Goethe.
¿Sin embargo, hasta que punto es el suicidio el verdadero elemento transgresor en “Las cuitas del joven Werther”? Nuestra postura es que efectivamente, podemos encontrar características propias de un romanticismo temprano en la obra ya mencionada de Goethe, como el subejitivismo, el culto al Yo, la naturaleza y la clara influencia en el sujeto romántico, la crítica social, la libertad; pero también creemos que todas estas características aún se encuentran atadas hacia la razón en Goethe y en la obra misma. No olvidemos que existen muchas contradicciones con respecto al romanticismo de Goethe o a un clasicismo más representativo. Sin embargo este artículo no pretende abordar dichas contradicciones, simplemente tomaremos una postura, que es la misma que Palo Di Angelo desarrolla en su libro: La estética del romanticismo el cual no considera a Goethe como romántico1. Es por eso, y siguiendo la postura que en realidad solo intenta ubicar o en este caso, sacar a Goethe, es que nosotros creemos que el verdadero elemento transgresor romántico de Las cuitas del joven Werther es el suicidio.
Por lo que nuestra propuesta es la siguiente: El suicidio como una transgresión polidimensional en Las cuitas del joven Werther. El plan metodológico que se aplicará, será una breve descripción social, religiosa, cultural, del suicidio a través de la historia, para así poder entender la verdadera dimensión transgresora de la novela de Goethe. Además, la segunda parte del trabajo será la demostración de la transgresión polidimensional de la obra, y en cierta medida para poder entender el suicidio como tal, aplicaremos categorías Lacaneanas como: la teoría del objeto del deseo: Teoría del objeto del deseo: El deseo del sujeto es el deseo del deseo del otro (Lacan, J. 1949). Para el psicoanálisis estructural el sujeto se constituye en el lugar del otro. Nadie puede engendrarse a sí mismo. Teoría del odio al objeto: La experiencia temprana de amor y odio con la figura materna se encuentran arbitrariamente equilibradas según el azar y las vicisitudes del primer año de la vida. El disponer de una madre con capacidad de tolerar su propia angustia y tolerar la angustia del bebé (función reverie materna), ayuda al predominio de las experiencias de satisfacción. Así, el objeto de amor predomina sobre el objeto de odio. Cuando las cosas ocurren a la inversa, va a predominar el objeto de odio, lo cual va a dificultar la relación con el otro y a influir negativamente en el desarrollo de ese sujeto. Teoría de la castración imaginaria: Cuando aparece un factor desencadenante de fracaso en la vida actual (sea este un fracaso amoroso, académico o económico/financiero), este fracaso actualiza la intensidad antigua del vínculo de odio y de la desesperanza. Si el estado mental es primitivo, y uno como analista, se da cuenta de los mecanismos mentales primitivos que están presentes en ese momento, entonces la peligrosidad suicida es alta.
Primera Parte
La conducta suicida. Dimensión histórica
En el Antiguo Egipto los partidarios del suicidio llegaban incluso a agruparse en asociaciones cuyos miembros buscaban las medidas más agradables para morir. Los suicidios colectivos parecen haber sido un hecho frecuente a través de la historia. Plutarco nos relata una “epidemia suicida” acaecida entre las jóvenes de Mileto y como se consiguió acabar con ella al someter a los cadáveres a la vergüenza pública.
En la India, y bajo la influencia del brahamanismo, los sabios, en su búsqueda del nirvana se suicidaban frecuentemente en el transcurso de las fiestas religiosas. El budismo no reconoce un alma independiente, sino un alma-cuerpo interdependiente. Todo se rige por la ley del Karma, por lo tanto, todo es consecuencia del Karma pasado. El objetivo es el Nirvana o estado mental de paz completa.
En la Grecia clásica, el suicidio fue un hecho común entre los filósofos. Así, Anaxágoras tras ser injustamente encarcelado cometió suicidio. Su discípulo Sócrates bebió serenamente la cicuta tras haber sido condenado a muerte. Metrocles, que estando un día en una lección, se le escapó una ventosidad involuntariamente y tanto fue el rubor y pena que de ello le sobrevino, que se encerró en su cuarto con ánimo de dejarse morir de hambre.
En Roma, el suicidio de esclavos era frecuente, pero estaba prohibido. En los pueblos bárbaros el suicidio tampoco parece ser un fenómeno extraño: Los españoles son a menudo descritos como despreciadores de la vida dispuesto a morir antes que dejarse cautivar (Sagunto, Numancia etc). El estoicismo es la única concepción filosófica verdaderamente favorable al suicidio, aunque es considerado odioso y vil cuando la familia del suicida o la sociedad sufrirá por ello cuando el hombre es transportado por una aversión irracional e inmoderada: la Libidio moriendi, o “el loco deseo de muerte”. En Atenas, si una persona antes de herirse pedía al Senado que se lo autorizase, haciendo valer las razones que le hacían la vida intolerable, y su demanda era atendida favorablemente, el suicidio era considerado como un acto legítimo.
El Islamismo condena de forma explícita el suicidio. Mahoma dijo “El hombre no muere sino por voluntad de Dios...”por lo tanto se vería como un acto de insubordinación, rebeldía o pecado.
Con la posesión diabólica con que se relacionaba al suicidio en otras épocas. Con estas opiniones se empieza a crear la idea de dividir el mundo religioso y la enfermedad mental. Hasta el siglo XVIII la legislación civil de casi todos los países conminaba el suicidio con las más graves y deshonrosas penas, que casi siempre alcanzaban a los familiares del suicida. En la Francia del Siglo XVII sigue la tradición represiva contra los suicidios, aunque reconoce que el suicidio podrá ser cometido por personas que no gozan plenamente de sus facultades mentales, usando el concepto de “irresponsabilidad”. Con todo esto, ya se está hablando de aspectos patológicos y se empieza a insinuar que el suicidio estaría dentro del campo de la patología. En general, a excepción de los países anglosajones, se crea una “tradición latina” que deja de considerar el suicidio como un delito2.
El suicidio se va a convertir en un concepto que estará entre los límites de lo normal y lo patológico, al igual que antes estaba entre lo natural y lo sobrenatural. Con esto empieza un debate que no termina entre el suicidio normal y el suicidio patológico. Esquirol3 divide a los suicidas en tres categorías:
El provocado por las pasiones.
El producido por una enfermedad mental.
El provocado por el tedio de vivir. (Rodríguez 2003: 125)
Con la llegada de la modernidad, es cuando se abre una vertiente a tratar los suicidios de manera médica, catalogándolos de patológicos. Mostrando una dualidad entre los ámbitos religiosos y médicos. Con el advenimiento del Romanticismo el suicidio pierde parte de su carácter peyorativo, se producen ciertas epidemias que atrapan también a algunos de sus principales protagonistas. Ortega lo denominó “mal del siglo”. El Werther de Goethe fue considerado como el principal responsable de estas epidemias entre los suicidios románticos. La pieza musical “Triste Domingo” de Rezso Seress también provocó una oleada de suicidios durante el romanticismo. Los suicidios por honor y, sobre todo por amor, ya elogiados en la antigüedad por Virgilio se hacen muy frecuentes al estilo de Otelo o de Romeo y Julieta de Shakespeare; o al de la Celestina, de Fernando De Rojas.
Segunda Parte
Bien es cierto que, como ya lo mencionábamos en la introducción, Las cuita del joven Werther tiene elementos románticos, pero todavía estos se ven mezclados con características clásicas de distinta índole. Intentaremos hacer alusión a algunos de estos elementos clásicos para poder comprender en detalle, la transgresión que provoca el suicidio de Werther. Las cartas que Werther envía a su amigo Guillermo inician el 4 de Mayo de 1771. En las tres primeras cartas aborda el poder que la naturaleza ejerce en él, pero en la carta fechada como 13 de Mayo, Werther haciendo alusión de que no necesitaba sus libros, con excepción de uno solo:
Sólo echaba de menos un canto que me arrullase, y he encontrado en mi Homero cuanto puedo apetecer. ¡Cuantas veces templo con sus versos el hervor de mi sangre! Porque tú no conoces nada más desigual ni más variable que mi corazón. (1969:25)
Homero, poeta clásico que será recurrente en Werther a lo largo de sus cartas. Hasta cierto punto es interesante ver que un movimiento tan subversivo como el Sturm und Drang, desde el punto de vista estético, pueda concebir a Homero como el único canto que necesita de todos sus libros. Las cartas que seguirán hasta la aparición de Carlota que es el 16 de Junio, abundan en descripciones de la naturaleza, del pueblo, y todo aquello bajo elementos románticos, como la crítica social, y un elementos que no a sido tocado muy a menudo, que es la de los niños. Lo interesante de estas cartas, es que gozan de una descripción, que a diferencia de cuando aparece Carlota, son acogedoras. La naturaleza es un remanso, un anticipo al paraíso que le permite incluso reflexionar sobre la estética poética: “Lo que te dije el otro día sobre la pintura es aplicable a la poesía: basta con conocer lo que es bello y atreverse a expresarlo. En verdad, no se puede decir más en menos palabras”. No se puede negar que los elementos románticos, que los sentimientos existen en Werther, pero también estos aun se encuentran atados a la razón, a lo clásico que aparecen fugazmente como si los sentimientos fueran un cometa y la razón la mano que contrae el pabilo para que este no se marche por los aires.
Un ejemplo de cómo los sentimientos aun se encuentran de alguna manera atados por la razón, es la carta fechada como: 8 de Mayo:
Me he encontrado hoy con mi Diario entre las manos, del que apenas me ocupo hace tiempo, y noto con estupefacción el modo que he tenido de avanzar a sabiendas, paso a paso, en este negocio, conduciéndome como un muchacho, a pesar de haber visto siempre con claridad mi situación. Hoy mismo la veo clara como la luz, y sin embargo, no hay un solo síntoma de alivio. (1969: 67)
Como podemos percatarnos, y volviendo haciendo alusión a la metáfora del cometa, como sentimiento y la razón como la mano que contrae dicho cometa, encontramos el conflicto, pues a pesar de que la razón le permite observar su verdadera situación, esta no le trae ningún síntoma de alivio.
Pero con respecto a los clásicos, como ya se mencionó, Homero es el más recurrente. Sin embargo podemos observar con respecto a como Werther toma a Ulises, y lo engarza dentro de una característica romántica como es la naturaleza. En la carta fechada como 9 de Mayo: “Cuando Ulises habla de la mar inmensa y de la tierra infinita, su lenguaje es verdadero, humano, intimo, sorprendente y misterioso” (1969: 106). Este punto nos permite observar parte de la dificultad de intentar encasillar a Goethe dentro de un movimiento, aunque al leer sobre su vida, nos damos cuenta de que tal vez Goethe sea un genio que escapó a su tiempo, y sobre todo a esa absurda manía de intentar encasillar a los escritores en un movimiento determinado. Palo D’Angelo en la introducción de su libro: La estética del romanticismo hace referencia a Stendhal de la siguiente manera: “Los artículos de Stendhal son un manifiesto polémico para una literatura actual; en ellos lo romántico no es más que aquello que caracteriza al tiempo presente, mientras que lo clásico es lo que caracteriza al pasado” (D’Angelo 1999: 34).
La idea de intentar encasillar a Goethe, hasta este momento, nos ayuda a comprender los elementos clásicos que se encuentra en un joven Goethe que a diferencia de otros románticos contemporáneos, no abandona por completo los elementos clásicos. Por lo que nos es imposible no volver a mencionar la imagen de la cometa, que vendría a representar a las pasiones, y la mano que contrae el pabilo para que la cometa no se pierda por los aires. Es por eso que en la tercera parte de este trabajo, intentaremos demostrar que es el suicidio la ruptura de aquella tensión.
Tercera Parte
Nuestra propuesta con respecto al suicidio como el verdadero elemento transgresor en Werther estaría carente de fundamentos, si es que no intentáramos un acercamiento al personaje principal, sobre todo en lo referente a categorías psicoanalíticas, ya mencionadas en la introducción del ensayo. Una primera categoría seria la teoría del objeto del deseo. Para Lacan el deseo del sujeto es el deseo del deseo del otro (Lacan, J. 1949). Para el psicoanálisis estructural el sujeto se constituye en el lugar del otro. Nadie puede engendrarse a sí mismo. La madre desea a su hijo (o lo odia) aún antes de este nacer. En metáfora, se puede decir que el niño pre/existe a su propio nacimiento. Por lo tanto, desde sus inicios el sujeto es producto del deseo del otro y desea ser el deseo del otro. El sujeto (siempre en falta) desea ser amado por ese otro. A veces cree haberlo logrado y exclama convencido/a ser amado/a por un otro. Pero esto no es más que una ficción o si se quiere, una ficción verdadera. En la temprana infancia, el amar al objeto y creerse amado por este, produce amor hacia si-mismo y alta autoestima. Cuando esto no ocurre así, debido a diversas razones en la historia infantil del sujeto, va a desaparecer el deseo de ser, el deseo del otro. Se instala la desesperanza y por esta vía, se instala en forma pasiva, el deseo de no/vivir. Realmente se trata de una indiferencia a vivir o morir. La muerte no se busca, pero si llega, es bienvenida.
Si tomamos en cuenta que el deseo del sujeto es el deseo del deseo del otro, estaríamos estableciendo que Carlota es quien finalmente pone en aquella posición a Werther. La carta titulada como 8 de enero de 1772 lo comprueba de alguna manera: “Yo creo que aquél cuyo ingenio domina al de los demás, y por su carácter y su destreza convierte las fuerzas y las pasiones ajenas en instrumentos de sus deseos” (94). Sin lugar a dudas existe una relación de poder, que se da en el caso de las relaciones que mantienen los protagonistas. Y como sostenemos, que el amar al objeto y creerse amado por este, produce amor hacia si-mismo y alta autoestima. La novela esta plagada de cartas sobre esa autoestima, que sube y baja constantemente como si se tratara de un termómetro que mide la fiebre, que de hecho lo es, que sufre Werther, pero también sabemos que cuando esto no ocurre así, va a desaparecer el deseo de ser, el deseo del otro. Se instala la desesperanza y por esta vía, se instala en forma pasiva, el deseo de no/vivir. Realmente se trata de una indiferencia a vivir o morir. La muerte no se busca, pero si llega, es bienvenida.
Esta tentativa se presenta constantemente: “¡Ah!, más de cien veces he cogido un cuchillo para acabar con la asfixia que me ahoga… Muchas veces me encuentro en este caso: querría abrirme una vena que me proporcionase la libertad eterna” (103). A medida que avanza las relaciones, se va presentando el deseo de muerte, pero a través del acto suicida, como único remedio para escapara a la situación. No olvidemos que antes de llegar a aquella tentativa, el protagonista se marcha de viaje, en un intento por olvidar a Carlota, pero esta huida no logra cumplir su cometido, por lo que finalmente termina volviendo a su lado.
La situación en la que se encuentra Werther modificará hasta cierto punto las perspectivas con respecto a Carlota. En una de las citas mencionadas en la segunda parte de este ensayo, mencionábamos que el protagonista era conciente de su situación, pero que esta no la reconfortaba. Por lo que comenzará a desarrollar el odio al objeto de deseo, en donde el odio al otro, se convierte en -el otro me odia a mi (mecanismo inconsciente de proyección). Luego la identificación con lo proyectado, termina en -me odio a mi mismo. La muerte circula y el deseo homicida se convierte en deseo suicida y termina con la clara idea de: -el otro desea mi muerte. Como el lector sabrá, que Alberto vendría a representar dicha traba para la felicidad de Werther, pero esto solo es cierto en cierta medida, pero eso lo abordaremos más adelante. Lo que nos interesa de Alberto es que este vendrá a representar la razón, al menos aparentemente, cuando intente disuadir al protagonista sobre los juicios que este tiene en tan estima, con respecto al suicidio.
—Tú me concederás —dijo Werther— que ciertas acciones serán siempre crímenes, sea el que quiera el motivo que las produzca…—¡Siempre extravagante! —Dijo Alberto—. Todo lo exageras, y esta vez llevas la humorada hasta el extremo de comparar con las grandes acciones el suicidio, que es de lo que se trata, y que sólo debe mirarse como una debilidad del hombre; porque, indudablemente, es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras (69-72).
De estas conversaciones Werther llegará a la conclusión de que para que los tres puedan ser felices, uno de ellos debe morir, y al no ser capaz de matar a Carlota, ni de matar a Alberto, por no causarle un dolor innecesario a Carlota, comenzara la tentativa de la muerte, como único remedio para la felicidad. Sin embargo este deseo, finalmente estará reflejado en él mismo. No podemos decir que Werther es conciente de aquellos juicios, pero implícitamente sabe que Carlota desea su muerte, pues solo casi al finalizar las cartas, él será conciente de que ese dolor, pero a la vez amor que siente por Carlota, no sería el mismo si no fuera por el dolor que siente, y hasta cierto punto, agradece que sea así. Slavoj Žižek, tomando el concepto desarrollado por Lacan sobre la angustia, dice:
“No hay angustia cuando falta el objeto causa del deseo; no es la falta del objeto lo que da origen a la angustia sino, por el contrario, el peligro de que nos acerquemos demasiado al objeto y de este modo perdamos la falta misma. La angustia es provocada por la desaparición del deseo (Žižek Paidós :24).
Sin lugar a dudas, y parafraseando a Žižek, es muy probable que Werther haya leído a Lacan.
Finalmente, para poder entender el acto suicida en Werther, tomaremos en cuenta la castración imaginaria: que es cuando aparece un factor desencadenante de fracaso en la vida actual (sea este un fracaso amoroso, académico o económico/financiero), este fracaso actualiza la intensidad antigua del vínculo de odio y de la desesperanza.
Un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba allá con los brazos extendidos hacia el abismo, acariciando la idea de arrojarme en él. Sí, arrojarme y sepultar conmigo en su fondo mis dolores y sufrimientos (141).
Esta depresión fundada en el inconciente del protagonista lo llevará hasta el desenlace que todos conocemos. Este desenlace, que para nuestra interpretación esta fundamentada en el deseo de Carlota, y será este propio deseo quien arrojará al protagonista hacia la muerte, pero es el suicidio como la verdadera transgresión polidimensional, ya que el acto suicida, si tomamos en cuenta lo desarrollado en la primera y segunda parte, será el verdadero elemento transgresor, la fuerza que terminará por romper la pita que dejará volar el cometa (pasión) por los aires. Analicemos pues, entonces a manera de conclusión las dimensiones del suicidio del protagonista.
En la columna izquierda se encuentran establecidas ciertas instituciones sociales, que aun hoy se puede encontrar presentes en sociedades modernas. Sin embargo, y aunque esté demás decirlo, habría que tener presente el año fechado de las cartas, para un verdadero juicio sobre la magnitud de la transgresión. En la columna derecha se encuentran establecidos lo que para estas instituciones vendría a representar el suicidio de Werther. Lo religioso, que esta representado como Pecado, que a la también puede estar representando por la naturaleza y lo antinatural como su antípoda. El final de la novela es un claro ejemplo, pues el cuerpo de Werthe no fue enterrado en campo santo, una practica común en aquellos tiempos, que a los suicidas no se les estaba permitido ser enterrados en cementerios. El funeral mismo, es un claro ejemplo del desprecio que muestra la religión hacia los suicidas: “Werther fue conducido por jornalero al lugar de su sepultura; no le acompañó ningún sacerdote” (174).
Con respecto a lo ético, ya se mencionó lo relacionado a las tentativas de Alberto al confrontar las ideas de Werther con respecto al suicidio. En este nivel también podríamos relacionar lo ético — moral con lo jurídico – político. No olvidemos las instrucciones que el protagonista da a su amigo Guillermo, con respecto a algunos asuntos pendientes en el plano legal, y en especial a lo referido a su madre.
Ahora bien, el acto de libertad, tomado como algo normal, no transgresivo en Werther, seria el punto mas debatible de aquel cuadro, que indudablemente puede variar, pero creemos que en este caso, efectivamente es un acto de libertad en el protagonista: “Muchas veces me encuentro en este caso: querría abrirme una vena que me proporcionase la libertad eterna” (103) pero no creemos que aquel acto haya sido un acto normal, y no transgresivo, esto último porque como lo hemos venido mencionando en la segunda parte de este ensayo, las pasiones no se encuentran totalmente sueltas, ya que ellas aun se encuentran atadas por la razón, y es el suicidio de Werther es el verdadero elemento transgresor romántico. Las dudas que presenta lo demuestran.
Levantar el velo y seguir adelante: esto es todo… ¿por qué asustarse?, ¿por qué dudar? ¿Acaso porque se ignore lo que hay más allá, porque no se vuelve, o más bien porque es propio de nuestra naturaleza suponer que todo es confusión y tinieblas en lo desconocido? (143).
Las dudas y el miedo despojan la idea del suicidio o del acto de libertad como algo normal, cierto que luego iniciara lo que se conocerá como una fiebre, y lo que aparentemente vendría a ser el suicidio por amor, que desde nuestro punto de vista vendría a ser el deseo de Carlota, por mantener la situación social en la que se encuentra, recordemos su matrimonio con Alberto. Pero estas dudas vendrían a representar el punto exacto en que surge la transgresión polidimensional, la cual es en realidad, es el verdadero elemento romántico en la novela de Goethe.
Bibliografía
* Andrés Ramón
2003 Historia del suicidio en occidente Península, S.A. Barcelona.
* D’Angelo, Paolo
1999 La estética del Romanticismo Ediciones Visor, Madrid.
* Goethe, Johann Wolfgang
1984 Fausto Oveja Negra. Bogota.
1969 Las cuitas del joven Werther Salvat Editores S. A. Navarra.
1949 El Estadio del Espejo como formador...; Escritos I; Ed. Siglo XXI.
* Žižek Slavoj
2000 Mirando al sesgo: una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular Ed. Paidós. Buenos Aires.
1 Paolo Di Angelo sostiene que en Alemania el romanticismo y el clasicismo tuvieron estimulos continuos, a pesar de que las relaciones personales no fueron siempre fluidaz entre los romanticos y Goethe ni con Schiller. Y que a pesar de que en Italia y Francia se consideraba a Goethe y a Schiller como románticos, el autor sostiene, que es imporante afirmar que ambos no pertenecierón al movimiento romántico alemán y que tampoco compartierón sus posiciones teóricas sino, antes bien, las criticaron. (35, 1999)
2 Para mayor información revisar: Historia del suicidio en occidente de Andrés Ramón.
3 La cita es tomada de Andrés Ramón Historia del suicidio en occidente Península, S.A. Barcelona 2003.
lunes, 23 de febrero de 2009
El soundtrack de la semana
El soundtrack de la semana, luego de este sol infernal, de dejar papeles, de oír sueldos miserables, de bancarse miradas complacientes y sonrisas de medio lado, ¿cómo no volver a los inicios? A las eternas decepciones de las personas y de la vida misma. El soundtrack de la semana, es la canción con la que conocí a Charly, allá en el invierno del 2003, en una cabina frente a la universidad. “Confesiones de invierno” y sí, Charly está más duro que el asfalto, ¿y qué? La vanguardia es así.
¡Say no more!
Los agradecimientos por el video son para: flamingpie07

