jueves, 9 de abril de 2009

La maga no-existe


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Recuerdo que cuando terminé de leer Rayuela, hace ya algunos años atrás, tuve un sentimiento de desasosiego, algo que anduvo muy vinculado a esa búsqueda absurda que representaba la desaparición de la Maga, y sobre la aptitud indolente que Horacio reflejaba en aquella búsqueda. Recuerdo que más de una vez, mientras comentaba el libro con una chica con la que entonces salía, y que tiempo después se convertiría en una Cortazareana neta y dicho de paso en una de las tantas Magas burdeleadas que ahora andan sueltas por el mundo, solía referirme a Horacio como un narcisista de mierda, como el responsable de hacer que la metafísica se tornara quejumbrosa, y cuyo verso de Eielson le caería como anillo al dedo: “La gente huye de mi porque tengo el corazón parecido a un cocodrilo”.
Sin embargo, como todos los que han leído Rayuela alguna vez, el personaje que más me impactó fue la Maga, que era como el colador por donde se diluían todas las ideas del libro; desde la aptitud, muchas veces patética de Horacio, hasta las ideas de Morelli que eran la voz del propio Cortazar y su percepción con respecto a lo que debería ser la nueva novela.
¿Pero quien era verdaderamente la Maga?
No me refiero a la persona de carne y hueso de quien se inspiró el genial Cortazar, y que desde hace ya algún tiempo ha declarado su existencia, sino a la Maga misma, a la que Horacio amaba racionalmente, y cuya ausencia acariciaba como se suele acariciar una pierna cercenada.
¿Pero hasta que punto la desaparición de la maga se reflejó en Horacio y en los lectores? Creo que todos sabemos lo que la desaparición de la Maga significó en Horacio, cómo su búsqueda se volvió concreta, cómo fue que creía ver a la maga en todos los lugares, desde los periódicos los días domingos, pasando por Pola, y terminando en el otro hemisferio del mundo a través de Talita.
Recuerdo que al igual que Horacio anduve buscando a la Maga por todo el libro, desde los capítulos en forma de escalera, en este caso seria una escalera en forma de caracol, hasta terminar leyendo hoja tras hoja, releyendo capítulos enteros en los que esperaba hallar alguna pista secreta sobre el verdadero paradero de la Maga, alguna señal por la cual poder orientarme y así dejar de parecerme tanto a Horacio, a quien por aquel entonces detestaba. Sin embargo todo era absurdo, yo también había comenzado a buscar a la Maga en los periódicos los días domingo.

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Fue entonces cuando me planteé, por primera vez, la no-existencia de la Maga. Claro que no me refiero a su existencia como personaje, sino a la naturaleza propia que la rodeaba, la terrible visión, que a los ojos de Horacio, era uno de los motivos por los cuales la detestaba. ¿Pero a quien le pertenecía verdaderamente esa naturaleza? ¿A la Maga? Por aquel entonces empecé a darme cuenta de que la Maga había trasgredido los niveles de la ficción, y se había convertido casi en un objeto mediático, creo que ahora ya podemos habla sobre objetos mediáticos en la literatura.
La primera vez que oí el nombre de la Maga, como quien oye el nombre de la muchacha que le gusta, fue en el MSN de la chica con la que comentaba aquel libro, que por aquel entonces ya solía escribir sobre las hojas caídas de los árboles y tener el libro de Rayuela siempre cargado en su mochila. No había duda, había encontrado a la Maga que se nos había perdido a Horacio y a mí, sin embargo aquella solo seria la primera de las tantas Magas que he conocido y sigo conociendo desde aquel mes de agosto en que terminé de leer aquel libro.
Entre mi larga lista de Magas conocidas, están las argentinas que casi siempre venían acompañadas por el cabello largo, el rostro bonito, y con sueños de llamar a todos su hijo: Rocamandor. Están también las mexicanas, que suelen crearse correos electrónicos de la Maga casi siempre acompañados por alguna palabra en ingles, un claro ejemplo de ello, fue una mexicana que se hacia llamar: Lucía, y cuyo correo era Maga_forever, y que en una ocasión me llamó escritor frustrado después de plantearle la no - existencia de la Maga. Sin embargo, no hay duda de que las Magas más peculiares que he conocido, han sido las peruanas. Si pudiéramos hablar de un club de fans oficial de la Maga, sin lugar a duda seria una peruana la presidenta de aquel club. Suelen ser las más huachafas y a la vez las más delirantes, fácilmente podríamos compararlas con aquellas muchachas desenfrenadas que se tiran de los pelos en los conciertos de los grupos de pop juveniles, pero como diría Morelli:
“En el fondo sabía que no se podía ir más allá porque no lo hay”.
Las Magas peruanas se encierran tanto en el término, que fácilmente podrían solicitar su futura admisión a la Real Académica de la Lengua Española, cayendo y creyendo al mismo tiempo que la Maga se encuentra solo en esas cinco letras que contienen aquel tèrmino.
¿Pero cuánto de soberbia hay en el hecho de autodenominarse como Maga? Seria muy difícil saberlo, y más cuando, creo no exagerar, hay tantas Magas que la búsqueda de Savalitas, o de Quijotes sueltos por ahí se vuelve tan infructuosa como la propia búsqueda de Horacio.
Una amiga, hace ya algún tiempo atrás, mientras le comentaba mi hipótesis, me decía que fácilmente podría ser la Maga, pues se había dado cuenta de que ambas se parecían un poco.
«¿En qué?» le pregunté muy interesado.
«En que ambas nos enamoramos de un idiota» me dijo sonriendo.
Otra Maga que conocí, me decía que desde que leyó Rayuela no ha podido dejar de sentir el mundo a flor de piel, que por ello ahora anda recogiendo las piedras que suele encontrar en los parques, mientras fuma un purro, y lee en voz alta el capítulo número siete del libro.
Una más sumisa me dijo que se creía la Maga desde que su enamorado la denominó de aquella manera. Que no sabía muy bien de quien se trataba, pero que su enamorado le había dicho que se parecía mucho a ella, en especial cuando decidía sentarse en el suelo antes que en las bancas de la universidad. Le confirmo que efectivamente se parece mucho a la Maga, mientras me alejo y pienso que decirle Maga a las mujeres, ha llegado al descaro mismo de decir: te amo, para disipar las dudas que surgen siempre en las puertas de un hostal.

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¿Cuál es el momento exacto cuando la naturaleza de la Maga se pierde y salta a las orillas de esas mujeres y hombres que ven en aquella mujer la redención de lo racional?
Quizás la respuesta misma este en el libro.
Volviendo a Horacio, ¿acaso él mismo no creyó ver a la Maga en la propia Talita? Y en aquella confusión no tuvo nada que ver su extraña naturaleza. Es aquí el punto en donde planteo la no-existencia de la Maga por si misma; y es aquí también el punto en donde la soberbia y los palos podrían caerme al mismo tiempo, sin contar a todas las Magas, los enamorados de las Magas, algunas feministas, y alguno que otro Cortazareano embravecido por aquella exclamación.
Sin embargo la no-existencia de la Maga no tendría que ver con Lucia, que existe verdaderamente como personaje inmerso en su propia diègesis, sino con todas las Magas que andan sueltas por ahí, quizás con la mirada atigrada que es la única forma de cómo leer estas hojas, y esperando a que escriba abiertamente la desfachatez de declarar la muerte de sus nombres.
Definitivamente, la Maga no - existe por si sola, tan solo es el extremo opuesto de la soga de la cual tira la soberbia de Horacio.

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Dejando los extremos de lado, ahora me doy cuenta de que quizás el que esté atado al extremo de la soberbia sea yo, y no una de aquellas mujeres que dicen ser la Maga; sentadas en los pasillos de la universidad, echadas en algún parque escribiendo sobre las hojas caídas de algún viejo árbol, o las que aceptan su destino mágico en las penumbras de alguna habitación de hotel. Quizás el único soberbio y fuera de foco capaz de plantearse vesanicamente la no-existencia de la Maga sea yo; o tan solo sea uno de esos Horacios que andan sueltos por el planeta, y que estas palabras solo hayan sido uno de los tantos intentos desesperados por lograr saber el verdadero paradero de la Maga.
Atentamente: Horacio

Lima, 2006

5 comentarios:

benhur dijo...

y

Karakol Maldito dijo...

y nada pues

§…M@c©oC@S…§ dijo...

Aloh.

Je este va a ser un comentario largo como los años que parecen haber pasado cuando este pedazo de realidad fue escrito.

Resulté ser una Maga más. No por querer serlo o alguna vez quererme identificarme con el personaje, sino porque igual un hombre fue el que me llamó así. Nunca quise ser la Maga pero los destinos (por querer pensar que existe alguno) marcaron ese amorío con ese libro Rayuela. La Maga reflejo de Horacio creo que es solo una búsqueda para definir su poco compromiso con las cosas su miedo a atarse, su miedo a aceptar su locura.

Bien nunca busqué ser una Maga, pero los caminos azarosos me llevaban a él una y otra vez. Tal vez sea por eso que siempre me denominó así. Pero creo que he roto con algo característico de este personaje. Yo busqué que él volviera a dar con el paradero de la Maga, ya no tenía que estar buscando ni delirando ni imaginando donde había terminado. Lo busqué porque creo que la Maga también llegó a delirar con Horacio y a buscar esa especie de alter-ego que la complementaba. Los caminos ahora ya no están cruzados pero la historia se ha visto modificada.

Lamento la longitud del comentario pero creo que estos blogs sirven para sacarlo. Tu post a mi parecer es bueno y apegado a una posible versión de la historia.

alicia dijo...

Es un post muy interesante. Volveré a pasar otro día para releerlo. Pero en este momento, se me ocurre que he conocido muchas Magas en mi vida. Ellas y ellos, igualitos a la golondrina que nada en el aire girando alucinada, no tenían ni idea, no se autodefinían así, pero nadaban los ríos metafísicos que otros deben conformarse con mirar desde el puente.

Karakol Maldito dijo...

Todos en algun momento hemos buscado a la maga, ya sea en los libros, o en la vida misma... gracias por el comentario